Ni rastro del PP

Es una lástima que acabe así este cuento de princesas porque para este viaje no hacían falta esas facturas de Fitur. La nueva imputación de la presidenta del PP oriolano, Pepa Ferrando, en el caso de los pagos de casi 6 millones de euros en facturas con reparos a Fenoll, entre otros, han sido, en mi opinión, el gancho que le faltaba la concejal del popular para ponerle el ojo a la birulé y dejarla noqueada y besando la lona. Eso y que los que fueron sus técnicos en Turismo durante su mandato se hayan puesto de perfil ante la juez para confesar que las decisiones de sus departamentos las tomaba la concejala y que ellos solo hacían un trabajo rutinario; de hecho, hasta el empresario adjudicatario de los contratos ha dejado con el culo al aire a la presidenta del PP oriolano, según publica El País, al decirle a la magistrada que la lideresa se ocupaba personalmente de todos los asuntos de su competencia. Se trata sin duda de un durísimo golpe que la tiene, ahora sí, contra las cuerdas, y ella es consciente de sus consecuencias. Pepa sabe de lo que va esta película y tiene claro que se le ha vaciado el cargador y que no hay más pólvora; ahora solo puede mirar al cielo y pedir que quede una bala en la recámara, y sobre todo debe andar rogando por no tener que dedicar dicha ‘bala’ para el autoconsumo. Su crédito político hacia adentro del PP se ha terminado. Se acabó. Finito. Arrivederci. Bye bye o con la música a otra parte. Y si alguien no me cree que le pregunte a Isabel Bonig, la coordinadora del PP, ‘Isabel II’ para los populares.
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¡Oriolanos, Franco no ha muerto!

Franco y Alcocer

El presidente de los Moros, Antonio Manuel Alcocer (i) escucha al presidente de Honor, Antonio Franco, hace unos días antes de la reunión por el conflicto de los Beduinos disidentes. / FOTO: Alberto Aragón

Ya lo dice en su encabezamiento la propia Orihuela: “La muy noble, leal y siempre fiel”, sobre todo esto último. La ciudad es el lugar donde los que toman las riendas de cualquier institución siguen, por lo general, fagocitados por su antecesor hasta del infinito y más allá, como si además del cargo les inocularan el síndrome de Estocolmo, aliñado con altas dosis de ‘obediencia debida’, como intentando que el titular de la plaza se vaya desconectando de ella poco a poco para que no le duela el pinchazo, y ante todo que sea inocuo sacar la aguja. Digo esto porque si uno se va al Museo de los Moros y Cristianos y ve cómo actúa el presidente de Honor, Antonio Franco, se nota que manda un huevo, pero es cuando está con el presidente oficial, Antonio Manuel García Alcocer, el momento en que Franco intenta dejar claro quién es el verdadero amo del cortijo. Y no es que el titular actual del cargo no sepa mandar, al contrario, lleva media vida a la sombra del Fantasma Almorávide. Alcocer conoce las claves de los Moros y Cristanos de Orihuela como el salón de su casa, pero la personalidad del primero es… es un torrente. Continuar leyendo