El líder del PSPV, Ximo Puig, el primero en ‘contar mentiras’ con su foto del cartel electoral

Ximo Puig adolescenteximo puigNada, que no aprenden. El primero en presentar la foto del cartel electoral, según publica hoy Información de Alicante, ha sido el líder de los socialistas valencianos, Ximo Puig. La imagen (a la izquierda), que es cualquier cosa menos una instantánea, muestra a un Puig con rasgos adolescentes. Le han puesto otras gafas de estas que son casi invisibles y el cutis del candidato no lo han tenido tan suave ni mis hijos al nacer. Creo que le han hecho las cejas, las orejas, la manicura y hasta la pedicura. ¡Qué disparate!

Además le han afeitado, aunque parece que le han hecho la cera en la cara, y le han maquillado con el mismo arte que los egipcios lo hacían con sus reyes primero… y con sus momias más tarde. Ni granos, ni marcas, ni facturas de la edad; ni ojeras ni cansancio; hasta parece que se llevara bien con todos los que se lleva a matar -que son muchos-. Nada de nada. Vamos que yo tengo serias dudas de que le reconozcan en su propia casa si aparece con ese ‘look’. No le abren la puerta porque igual no le reconocen ni por la voz. Lo mismo tiene que enseñarle a su familia, en el recibidor, un examen de ADN que demuestre que es el mismo que salió por la mañana. Quién sabe si tendrá que regresar con un notario que dé fe de su identidad, porque a lo que se aprecia tampoco le van a reconocer ni sus propios compañeros, que pensarán que se han sentado con uno del PP como se lo encuentren con ese aspecto en el sillón de al lado en Les Corts.

Los magos del photoshop se han atrevido hasta con el pelo. Un pelazo es lo que le han colocado en todo lo alto. Será cosa de que nos presenten al peluquero porque a mi ya se me va viendo el cartón, aunque mucho me temo que en este caso solo trabaja el ‘moldeador virtual’. Lástima porque si el artista de las tijeras y peine fuera real se haría más famoso y ganaría más cuartos que Llongueras, aquel estilista con voz de pito y aspecto dieciochesco que encandiló a medio mundo con ‘sus cosas’, que cada vez estaban más lejos del estilismo y más cerca de lo estiloso. Igualito que Ximo Puig ahora que se ve cerca del estrellato, pero que nadie le dice que para eso no hay que estrellarse todos los días de antes.

En fin, creo sinceramente que un político que es capaz de echar semejante mentira en su foto de cartel electoral no es muy de fiar. Sin embargo, creo también que con ese aspecto se haría el amo de la’Wilson’ de Alicante en su primera aparición un viernes por la noche, aunque esto se trata de conquistar el Palau y no la mítica discoteca alicantina, que cerró sus puertas por falta de clientes, de rentabilidad o de ambas cosas.

Es más, comprendo que los asesores -quién sabe si los han fichado en el PP o en Podemos- hagan tan descabelladas propuestas, aunque no las comparto; entiendo además que estos asesores sean también tan ‘pelotas’, aunque no lo comparto, con el candidato.

Empatizo con la máxima de que cada uno es dueño de su hambre, pero proponele tal ‘aparición’ a Ximo Puig es realmente esperpéntico. Hasta el corte y las proporciones de la imagen son propias de las estampitas catedralicias que homenajean a santos y mártires.

No está en todas estas cosas lo grave del asunto. Repito que cada uno manda -o lo intenta- en su hambre. El drama, a mi juicio, radica en que un candidato ponga su cara para que  la foto electoral pase a convertirse en el primer embuste visible en la carrera hacia la presidencia de la Generalitat. Que Ximo Puig se deje hacer o impulse esa imagen de si mismo denota su inseguridad, su falta de criterio, la escasa consideración que tiene a la inteligencia de los electores y hasta la mala percepción que tiene de si mismo.

Y lo que es peor, que si te lo encuentras por la calle no le puedes decir todo esto a la cara porque la del cartel no es -o no parece- la misma persona que viste y calza el PSPV. Vamos, que no le reconoces. Quién sabe, igual hasta lo ha hecho por eso, aunque corre el riesgo serio de no ser reconocido tampoco por los electores, con lo que va a ser cierto aquello de que la foto tiene un tocao. Llegado a este punto, y tras mucho observar la imagen, lamento decir que hasta los tonos sepias me recuerdan a esas otras que toda la misma hemos visto en los camposantos y que adquieren esa tonalidad pajiza tras comerse el sol los colores.

Bueno, lo dejo ahí porque habrá hasta quien piense que le tengo manía. Y no le tengo. Eso sí, tras ver a Puig, miedo me da pensar en la que pueda presentar Fabra, vistos los cambios que ha experimentado desde que es Molt Honorable y a sabiendas que para una buena foto solo hace falta ducharse, cambiarse de calzoncillos, ponerse una camisa limpia y parecerse exactamente a la persona que eres. Salvo que lo que ves cada día en el espejo no te guste, y esto ya sabemos que a Ximo Puig no le agrada demasiado.

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