Isabel I de Fabra y última de la Vall d’Uixò

ISABEL BONIG 07

Isabel Bonig, con Felix Cerdán y otros empresarios y políticos en vestíbulo del Hotel Tudemir el pasado 10 de junio. / FOTO: Alberto Aragón

Cuando el otro día se dio un garbeo por Orihuela la ‘virreina’ del Consell y del PP, Isabel Bonig, que para eso es portavoz del primero y secretaria general del segundo, así como consellera de Infraestructuras de la Generalitat -hay quien dice que su tarjeta de visita la entrega encuadernada a canutillo y te entrega con ella un troley de esos con ruedas de tantos cargos que acumula-, no llegó solo a enseñar pedigrí. No. Nos han intentado ‘vender’ a precio de saldo, desde la Cámara de Comercio, que el viaje de la consellera fue para hablar en Orihuela de lo bien que se peina Fabra o hasta de un nuevo plan hidrológico internacional si hace falta. Puede haber incluso hasta quien se crea que se metió ente pecho y espalda casi 600 kilómetros para decirle a un grupo de empresarios de la Vega Baja que tiene intención de retomar los proyectos de la CV-91 y de la CV-95, o que la desalinizadora que hizo Zapatero en Torrevieja va provocar el cierre de las centenarias salinas o el Cabeço de la Sal en Pinoso. Pero ‘nanai’, no se lo tragó nadie.

Bonig se metió el atracón de autovía hace menos de un mes para hablarles a los empresarios de perfil bajo de las bondades de la nueva ley urbanística valenciana que, en este momento, se está gratinando en el horno legislativo, pero la ‘Tatcher de la Plana’ buscaba otra cosa. Aún no había calentado la silla de su despacho en las oficinas del PP cuando se presentó en Orihuela con varios encargos de entidad, y todos ellos derivados de la hecatombe electoral que ha cosechado su partido en las Europeas, el segundo después de perder la Alcaldía más emblemática de la provincia, sin olvidar los arrastres políticos del pasado en los que está sumido su partido, ahora sí, más partido que nunca. Ella se vino a Orihuela a intentar visualizar recambios a las que todavía encabezan la cosa, por eso no se les cursó invitación a la fiesta; por eso y porque no gusta en Valencia que sean tan famosas en palacio, o al menos que lo sean más en el Palacio de Justicia que en el Palacio del Marqués de Arneva.

La secretaria general del PP es consciente y consecuente con la grave situación judicial de la exalcaldesa Mónica Lorente, a la que hay que sumar la de la actual presidenta, Pepa Ferrando, también imputada, así como la de otros cuatro ediles del grupo municipal oriolano. Todos ellos y ellas están bajo el periscopio judicial; esta situación ha provocado que las rectas líneas rojas de su patrón hayan registrados más zigzagueos que la carretera que va de Orihuela al Pilar de la Horadada. Y ella, ‘La Bonig’ (como la llaman los suyos por aquí) se cree que puede enderezar el partido, si bien yo creo que es más fácil que haga una autopista hasta la playa por Rebate, que para eso es la lideresa de Infraestructuras.

Tuvo tiempo Bonig de hablar un ratico en ‘petit comité’ con algunos empresarios locales, los cuales le expusieron el erial en el que a su juicio tanto el bipartito, antes tripartito, como la oposición están dejando el municipio. Le pidieron mano dura y ‘collons de bou’ para cambiar las cosas hacia adentro. Aprovechando que les había ido bien el tercio de banderillas, se vinieron arriba y le echaron a Bonig un capote con un nombre bordado en el reverso, para ponerlo en los carteles y con el que hacer el paseíllo la próxima campaña y, aunque llevaba nombre de mujer, no era este de ninguna de las empapeladas por la Fiscalía Anticorrupción. Ella, ‘La Bonig’ cogió el paño, se memorizó el nombre y continuó la fiesta, a sabiendas los camerales de que el PP regional está loco porque Fabra le ponga a Lorente y Ferrando el pulgar hacia abajo y que se las coman los leones, le guste o no el desenlace a Serafín Castellano, que ha pasado de estar vivo en la moción de censura, a mejor vida en la Delegación del Gobierno.

Se guardó después ‘Isabel la Católica’ el capote en el zurrón y le dejó a la Cámara de Comercio el encargo de lidiar con la ganadería zaplanista local, hasta decidir si se las devuelve a los corrales para que sigan como sementales de nuevas camadas o si las apuntillan definitivamente. Y que nadie olvide que queda menos de un año para las Municipales y Autonómicas, lo que supone que a estas alturas del sainete y a sabiendas de que el verano es inhábil -en los juzgados y en el Ayuntamiento- el tiempo vuela y ya visualiza Fabra los exámenes de septiembre en los que no está dispuesto a catear ni una.

En todo caso, es sabido que en Orihuela hay empresarios que plantean esto del liderazgo y las elecciones con sesudas reflexiones en voz alta, de esas que no les gusta escuchar a los hijos del Cap i Casal, de esas que dicen: “Lo que más me jode es que no sé aún a quien le tengo que dar las perras”, y ya le digo yo que el que reflexiona así no está pensando ni en Emilio Bascuñana, ni en Dámaso Aparicio para empapelar el Puente Nuevo, aunque en un calentón se le haya podido pasar por la cabeza hasta Eva Ortiz. Tranquilos, solo era eso, un par de ‘gintonicos’ en el ágape.

Al final, se entiende que la Cámara de Comercio no invitase a ningún responsable institucional del bipartito rojiverde a las visitas del titular de Economía, Máximo Buch, ni de la nueva dueña de la llave del PP, Isabel Bonig. Lo que había que hablar no era del interés del alcalde ecologista, ni de sus socios del pesoe. Lo más llamativo en este punto es que para ninguno de los dos viajes llamó la institución empresarial ni el Partido Popular ni a la presidenta del PP local, ni a su valedora, tal vez porque tampoco iba a ser de su interés la plática. Y todo esto ocurrió mientras el PP de PPCíscar, que ya hace tiempo que no es el mismo que el de Fabra, le da vuelo a otros capotes con otros nombres escritos en el forro, aunque pegados con velcro.

Habrá que comprobar si al final, y como decía el maestro “Más cornás da el hambre”, pero que nunca olviden estos aspirantes a matador que antes o después siempre les coge un toro, por lo que más vale tener cerca a quien te haga un quite, aunque sea mozo de otra cuadrilla, salvo que el ganadero sea del gusto de elegir ganado ‘afeitado’. Por ahora ni hay cartel definitivo para el festejo, ni está definido el hierro de la lidia, ni ha pasado todavía el último gato, por lo que nadie puede decir miau ni estas siglas no son las de mi partido.

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