Gallud en su Tetris

manuel-gallud al micrófono

El concejal de Comercio de Orihuela, Manuel Gallud.

(Nota previa 12 horas antes del cristo: No haga hoy el anuncio de la disposición definitiva de los mercados Sr. Gallud. Ahórrese el trámite y piénselo mejor. Tiene hasta mediodía para desconvocar la comparecencia y ejecutar el procedimiento sin sobresaltos porque si no lo hace le van a dar más que una estera -dialécticamente, claro-)

Seguro que cualquiera de ustedes ha jugado alguna vez al Tetris o por lo menos ha oído hablar de él. Se trata de un juego en el que hay que encajar en la parte baja de la pantalla las piezas que van saliendo por la parte superior; se trata de formas geométricas, pero cada una entra en su espacio; de este modo cuando se construye una línea completa de piezas en horizontal, sin huecos, dicha línea del mecano desaparece y va dejando libre la pantalla para construir nuevas líneas de piezas. La partida termina cuando el jugador se aturulla, se le amontonan las piezas, se llena la pantalla y hay un momento en que no queda espacio para girarlas y encajarlas entre sí.

Pues esto le ha pasado al concejal de mercados oriolano, el ecologista Manuel Gallud. Se ha hecho un lío de mil demonios con el Tetris de los zocos de Orihuela. Lleva meses dándoles vueltas a los puestos de los mercados oriolanos de los martes y los sábados para encajarlos en la trama urbana de manera diferente a la actual pero, todos sus intentos han resultado infructuosos. Al final se le ha llenado la pantalla –la mental- de paradas, ha colapsado el sistema y su ‘dibujo’ de los mercadillos locales ha saltado de un barrio a otro como a uno en un chiste al que le rebotaba la única neurona que tenía dentro del cráneo, de tanto espacio libre que quedaba.

De momento, el futuro de los vendedores ha tenido varias arrancadas de caballo y varias paradas de burro, si bien por ahora sólo han sido en el papel y en la imaginación de Gallud. De Los Andenes a La Ocarasa a la calle Mayor o de Los Huertos a Los Andenes; unas veces ocupando la avenida de la Vega o no, y otras el concejal ha cortado y ha abierto –mentalmente- al tráfico la avenida duque de Tamames y, ahora le damos otra vueltecica al mecano y ponemos de nuevo el mercadillo en Las Monserratinas, de donde salio hace años por las obras de adecuación de aceras y aparcamiento. Vamos, que la cabeza del síndico ecologista echa humo de tanto calentársela con el tema y tras cambiarlo todo varias veces para que todo siga igual, como se dice en estos casos. Y los que también echan humo son los vendedores, los de los martes y los de los sábados que no saben si van o vienen; como están encendidos los comerciantes de Los andenes; y más aún los tenderos de la calle Mayor que ven cómo no termina de pasar por su puerta el que creen que puede ser su último tren para la recuperación del pulso comercial y de los valores que encarnaron hace décadas en el centro histórico.

Así las cosas, lo que parece realmente un mercado es el despacho del edil, en el que se regatean los pactos, se negocian los costes políticos y parece que hasta se vendieran los acuerdos al mejor postor. Ha tenido reuniones por cualquier sitio, los vendedores quieren sentarse a su mesa, pero con los periodistas como testigos. Ha cometido Gallud uno de los errores más graves en los que puede caer un político –a excepción de la corrupción- que es la subasta de declaraciones, o sea, una suerte de mercadeo de intenciones con las que ha logrado volver locos al menos a dos: a los vivos y a los muertos. A tal punto ha llegado el debate generado por el síndico que ya no hace falta que diga a qué partido pertenece dado que todos los demás quienes le ponen verde a él.

Lo que mi experiencia negociadora indica que debería hacer es:

  1. Cerrar la boca, dejar de dar palos de ciego para evitar las declaraciones contradictorias que le han hecho caer, a veces, en el ridículo.
  2. Tener todos los datos, planos e informes de los técnicos y ponerlos a disposición de todas las partes implicadas para tratar de consensuar las ubicaciones.
  3. Marcar un plazo concreto para desarrollar la negociación y un lugar idóneo para ello.
  4. Abrir un debate sereno e intenso tras arrancar con un acuerdo de mínimos con portavoces de los vendedores, asociaciones de comerciantes, Cámara de Comercio y agrupaciones vecinales. Incorporar, si lo considera oportuno, a grupos de la oposición municipal y sentar el marco de participación de los mismos.
  5. Si transcurrido el plazo no hay acuerdo tendrá que tomar una decisión, que para eso es el responsable político del negociado.
  6. No presionar con amenazas o tensar de manera innecesaria las relaciones, y sobre todo no caer en la trampa de poner a la otra parte contra la pared de manera pública.
  7. Y lo más importante, tener goma y actitud dialogante. Aunar esfuerzos y liderar el pacto.
  8. Transcurrido el proceso marcado, salir a contar las resoluciones alcanzadas en interés de los ciudadanos, sea cual sea el resultado.
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